Por Maurice Lemoine
Dic. 11/25.-Primera presidenta de izquierda de Honduras, elegida en 2021 bajo los colores del Partido Libertad y Refundación (LIBRE), Xiomara Castro verá su mandato concluir el 27 de enero de 2026. Las elecciones presidenciales, en las que la Constitución le prohíbe presentarse nuevamente, tuvieron lugar el pasado 30 de noviembre (al mismo tiempo que los comicios legislativos y municipales). Según el sistema de «resultados preliminares», y por tanto no oficiales, del Consejo Nacional Electoral (CNE), dos candidatos de derecha, Nasry Asfura (Partido Nacional; PN) y Salvador Nasralla (Partido Liberal; PL), se encontraron durante nueve largos días codo a codo (cada uno con alrededor del 40 % de los votos). Al término de un proceso particularmente caótico, debido a supuestas «fallas técnicas», una victoria casi segura (pero aún «preliminar») de Asfura, con el 40,52 % de los sufragios, fue anunciada el 9 de diciembre, mientras que Nasralla obtenía apenas el 39,20 %.
La votación quedó manchada y manipulada por la burda injerencia del presidente estadounidense Donald Trump, quien amenazó a Honduras con represalias si otro candidato distinto de «su protegido» –Nasry Asfura– llegaba a imponerse.
Relegada muy lejos en tercera posición, con un resultado tan bajo que objetivamente carece de credibilidad (menos del 20 %), la candidata de izquierda Rixi Moncada denuncia un golpe de Estado electoral y, al igual que su partido LIBRE, se niega a reconocer el resultado.
Un epílogo provisional de este tipo no resulta sorprendente. En los últimos meses, las manipulaciones urdidas por lo que en Honduras se denomina el bipartidismo (PN–PL) y sus aliados internacionales han sembrado profundas dudas sobre la regularidad de las elecciones que se avecinaban. A continuación, los hechos permiten juzgarlo…
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«Casa Presidencial», Tegucigalpa, pasado 1º de mayo. «Van a intentar todo para retomar el poder. ¡Incluso quieren impedir las elecciones del 30 de noviembre [1] !» La frase es lanzada por Manuel Zelaya, expresidente progresista derrocado en junio de 2009 por un golpe de Estado. Se refiere a los dirigentes de derecha (los mismos de 2009, con contadas excepciones). Zelaya fue premonitorio, siete meses antes del comicio. Su esposa, Xiomara Castro, ocupa la presidencia desde el 27 de enero de 2022. Su victoria fue precedida por doce años y siete meses de régimen autoritario, liderado por dos jefes de Estado provenientes del PN: Porfirio Lobo y, sobre todo, Juan Orlando Hernández, conocido familiarmente como «JOH». Para la izquierda, fueron doce años y siete meses de resistencia –sin recurrir jamás a la violencia– hasta llegar a esa alternancia histórica. Por primera vez, la persona electa no provenía de una de las dos familias políticas tradicionales, PN y PL (responsables conjuntos del derrocamiento de Zelaya).
«Refundar Honduras», tal es la consigna tras el acceso de «Xiomara» a la presidencia a comienzos de 2022. Le siguen cuatro años de una política de centroizquierda que puede calificarse de coronada por avances sociales sustanciales [2].
Nacido como reacción al golpe de Estado de 2009, Libertad y Refundación (LIBRE), el partido de Zelaya y Castro, presenta a una dirigente de confianza, Rixi Moncada, para tomar el relevo. Al evocar a esta última, el vicecanciller Gerardo Torres nos formula también, en mayo, un pronóstico al estilo Zelaya: «El gobierno de Rixi será mucho más eficaz, aún más socialista, porque ahora tenemos más experiencia. Pero ya nos han visto actuar, nos conocen. Van a ir con todo. Será más delicado ganar.»
Este 30 de noviembre se trata de elecciones generales: un(a) jefe(a) de Estado para el período 2026-2030, 128 diputados, 20 diputados al Parlamento Centroamericano, 298 alcaldes, 2.168 regidores municipales. Como es natural, el enfrentamiento por la presidencia acapara la atención. De los cinco candidatos surgidos de las primarias, tres ocupan el primer plano.
Rixi Moncada. Abogada. Ministra (de Trabajo) y gerente de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) durante el mandato truncado de Zelaya. Miembro del Consejo Nacional Electoral (CNE), ministra de Finanzas y luego de Defensa bajo Xiomara Castro. Entre estos cargos, Moncada se vio obligada al exilio, perseguida judicialmente. Fue una de las fundadoras del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP), del cual emergió LIBRE en 2012. Como ministra de Finanzas, al inicio del mandato de «Xiomara», le correspondió anunciar que la izquierda heredaba un Estado en bancarrota con «cifras manipuladas, signos de corrupción, instituciones naufragadas». Con la mirada puesta en el futuro, Moncada nos confía: «Fui ampliamente elegida en las primarias y esa fuerza la encarnó ahora. Con el peso de la experiencia y la resistencia de quince años, vamos a hacer avanzar el proyecto político a favor de la gran mayoría. De manera pacífica, a través de un socialismo democrático, profundizaremos el proceso de cambio.»
Popularmente llamado «Papi a la orden»: Nasry «Tito» Asfura. Candidato del Partido Nacional (PN). Poderoso empresario del sector de la construcción. Exdiputado, dos veces alcalde de Tegucigalpa (hasta 2022). En 2012, Asfura figura en un lugar destacado entre los titulares de cuentas en paraísos fiscales señalados en los «Pandora Papers». A los hondureños les propone, nada menos, orden, trabajo y estabilidad. Un escollo, sin embargo: el PN es el partido del expresidente Juan Orlando Hernández. Gran servidor de Estados Unidos durante sus ocho años de poder (2014-2022), este último fue alcanzado por su propia estela una vez que dejó de ser útil, al término de su segundo mandato. Tras solicitar y obtener su extradición, sus exaliados y protectores estadounidenses lo condenaron a 45 años de prisión por narcotráfico y crimen organizado. En términos de credibilidad, al PN le cuesta recuperarse de semejante indignidad.
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